Tus senos erguidos, capullos en flor,
De labios sensuales, airosos y amantes
Pequeñas tus manos, racimos de amor.
Bañados de cielo tus ojos regalan
Cuál perlas preciosas, destellos sin par,
Hundiéndome en ellos mis fibras exhalan
Efluvios qué buscan, tan solo gozar.
Tu rostro adorado, con negro cabello
Entrega el conjuro propio del fragor,
Excitan mi alma momentos tán bellos
Calando muy hondo, dejando su ardor.
De talle menudo ceñí tu cintura
Metiéndome en ella, bebí tú calor,
Quemé mis entrañas viví la locura
Sorbiendo tú aroma, fragante de flor.
La nieve espumosa marcó su presencia
Mostrando sus copos, de tierno caer,
Temblaron tus fibras sintiendo su esencia
Vistiendo de lujo, a ese amanecer.
Tu Rosa Morada, fiscal del momento
Con gesto galante, lo nuestro asintió,
Gotas de rocío en pétalos lentos
Sobre nuestra noche, dulce nos dejó.
PÉTER.

